Querida Yeyole: Tú sabes que nos encontraremos en un punto de ese otro plano. A veces prefiero pensar que eso es cierto y otras creo que sí existe el cielo y ahora eres libre de todo este mundo horrible al que nos trajeron. A veces es absurdo celebrar fechas, tu sabes cómo pienso y sé que me dirías: tu ya te volviste loco. Pero aquí estoy, creyendo firmemente que hoy por recordarte entre todos los que te queremos, estás un poquito más cerca de nosotros. No estoy triste, eso es bueno, tu decías que eso no ayuda en nada. Mucho menos deprimirse u odiar algo que es inevitable. A veces sueño contigo y otras tengo pesadillas contigo, debe ser parte de este proceso injusto que es el olvido. Esa otra forma de muerte que nos lleva a dejar de sentir dolor para verlo de una forma en que ya no dañe, pero tu sabes que todo eso es mentira. Y aunque pasen más años, igual seguiré siendo un niño llorón al que le tocas la cara para consolarlo. Ahí te veo Yeyole, a veces te veo en los rostros de otras buenas personas, en las voces de otra gente que intenta quererme. Todo es endeble, frágil, y no hay forma de retroceder, no hay forma de culparse por toda una vida llena de desaciertos. Dirías que aún hay tiempo, pero ambos sabíamos que hace un año ya no había más tiempo, tus ojos decían y tenían ese cambio a otra dimensión, ese viaje inevitable. Aunque negara que no te irías, aún tenía la sensación que tu presencia no se iría pronto. Y hoy siento que estás aquí, no sé si sea bueno aferrarse a ti, prefiero verlo como esas creencias en que un día específico puedes encontrarte con tus seres amados de ese otro mundo. Imagino que es así o siento que es así. Aquí tengo aún el calor de tus manos, o los sonidos de inicio de año en esa clínica en donde pasamos tus últimos momentos. Y debo decir que nos conocimos más en ese tiempo, y eso duele mucho, esperar tanto para conocerse más es terrible. Pero aquí estoy vieja, ya nos veremos pronto. En donde quiera que sea que estés, ahí llegaré; eso es inevitable.